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Lotería de Navidad: La venta con más esfuerzo y más recompensa

Como anécdota de este año, en el Salón de Sorteos un agraciado con un 5º premio coincidió con la Lotera del kiosco de la Puerta del Sol que le vendió el número.

Clientes y Administradores estrechan su relación en los días anteriores al Sorteo de Navidad.

Había una vez un décimo de lotería que nació en una fábrica de Madrid (FNMT), tras lo cual fue llevado en un camión a una Administración de Lotería de una conocida localidad costera. Desde allí, él y todos sus “hermanos”, fueron “adoptados” por familias de toda España, por empresas, por peñas, por cofradías y por un sinfín de personas y entidades que “pasaron por allí”. Cuando salió “el Gordo” por la tele y les nombraron, aquellos décimos, que tan tristes se habían puesto por tener que separarse tantos kilómetros, se pusieron muy contentos al ver la alegría que había a su alrededor.

La venta de la Lotería de Navidad, al igual que el propio fenómeno de este Sorteo, tiene algo diferente al resto: se empieza a vender seis meses antes, se reparte a través de las Administraciones, pero pasa por muchas manos antes de llegar a las definitivas, y se convierte en objeto de regalo e intercambio como pocos otros bienes. Estos décimos, más que la fiebre por comprar, significan la fiebre por compartir, y sobre todo, significan una venta muy especial para las Administraciones. Por muchas razones.

Para la Red de Venta, el Sorteo de Navidad supone muchos meses de trabajo y muchas gestiones añadidas a su labor administrativa para que los décimos lleguen a miles de manos de españoles, para que ningún abonado se quede sin su número o su terminación, para que sitios remotos tengan sus números con antelación, para que sus clientes cuenten con toda la cantidad de décimos que les han pedido, para que los colegios, peñas, cofradías y empresas se sientan atendidos para luego atender ellos a otras personas... El sorteo de Navidad son unos ingresos para los Puntos de Venta, pero también es mucho más trabajo.

Lo mejor de este Sorteo, sin embargo, es la forma en que se consolida la relación de los clientes con sus Puntos de Venta, cómo se refuerza la confianza, con el esfuerzo que hacen las Administraciones por servir los pedidos, acercarlos a sus clientes, reservarles sus terminación preferida,... Se trata de un gran esfuerzo que no siempre se ve entre tanto ir y venir de los décimos. Pero está ahí.

La tradición del intercambio

Tras la venta de las Administraciones, los intercambios de “participaciones navideñas” entre personas se convierten en un hecho insólito. En menor medida, los décimos también se sitúan entre los primeros puestos de aquello que las empresas deciden regalar a sus empleados. Lo cierto es que cuando vemos en muchos sitios el cartel de “Ya a la venta Lotería de Navidad”, resulta difícil predecir el camino que llevan recorridos o recorrerán estos números.

En el mes de julio se reparten los décimos a las Administraciones y estas empiezan a vender. Los más aficionados y los que están abonados a ciertos números, o los que tienen costumbre de comprarlos en ciertos establecimientos, ya se empiezan a hacer con ellos. Pero para el resto de los españoles, es hacia finales del mes de octubre, coincidiendo casi con los primeros fríos y con los cada vez más tempranos alumbrados y decoraciones, cuando los décimos empiezan a venderse a lo grande. Y es entonces también, cuando empieza un recorrido para estos décimos que nada tiene que envidiar a cualquier sistema de transporte y comunicación. Décimos que se han vendido en el sur de España, están en las manos de los que viven en el norte; números de Administraciones del levante español recorren kilómetros en las carteras de personas que viven en Soria, Cáceres y Córdoba; series enteras vendidas en una Administración del centro de Madrid, acaban en los bolsillos de una planta entera de extrusión de aluminio en un polígono industrial de Getafe.

Solo con la Lotería de Navidad, la “red de sucursales” oficiosa que se establece alrededor de los más de 4.000 Puntos de Venta de LAE configura un fenómeno que no tiene igual en todo el mundo. Cientos de miles de décimos salen de las Administraciones en manos de una persona que los hará llegar a cientos de manos diferentes: de los jefes a las manos de numerosos empleados; de las parroquias a los feligreses en forma de participaciones para sorteos de algún regalo atractivo, y cuya recaudación servirá para arreglar la torre del campanario; de padres a abuelos, hijos, sobrinos, yernos, nueras, etc.. Las participaciones de Navidad se convierten en el centro de múltiples sorteos que asociaciones, peñas y cofradías organizan en fechas navideñas.

Ser o no ser

En Europa no existe una lotería como ésta, ni tradiciones así, ni fenómenos de venta mano en mano así. El lugar donde se vive y los lazos sentimentales son las razones principales que determinan la elección de la provincia donde se compra la lotería. Aparte, existen otras muchas razones por las que personas que nunca juegan, no quieren dejar de hacerlo en estas fechas. ¿Por qué?

“Por si toca, y no me quiero quedar fuera”. “Por no dar la nota y quedarme fuera”. “Por formar parte de un grupo”. En suma, además de la múltiple afición, la compra de lotería también tiene un componente de “formar parte de”. Hay pocos que quieran quedarse fuera del círculo de la suerte si está justo dos pasos al lado. Y las cifras así lo confirman: dos de cada diez empleados reconocen comprar el décimo de la empresa por no sentirse excluidos. De esta forma, para la gran mayoría de los españoles, comprar parte del número de la oficina, del puesto del mercado, del polideportivo o del gimnasio es algo que cuesta poco, y en caso de no hacerlo, “las consecuencias serían devastadoras”.

Este año, además, comprar por Internet se ha convertido en una nueva opción para un cierto número de españoles.