Mucho ha llovido desde que empezaron los sueños de un pleno de siete, como en las primeras temporadas, hasta hoy día, cuando de nuevo contamos con el popular pleno al 15. Durante 60 años, La Quiniela, además de convertirse en motor de diferentes instituciones estatales, benéficas, sociales, culturales y deportivas, ha formado parte de la vida cotidiana de muchas generaciones de españoles, que han crecido y se han ilusionado con ella. Es la cercanía y la cotidianidad las que han hecho de La Quiniela una pasión de la que participan muchas personas, una pasión que ya dura 60 años.
La Quiniela nació teniendo como base un aumento en la popularidad del fútbol y con el objetivo de regular una actividad que ya se desarrollaba por medio de peñas, que cruzaban apuestas sobre los resultados de los partidos a los que asistían. Por el Decreto Ley de 12 de abril de 1946, se establece el servicio de “Apuestas Deportivas Benéficas” y en él se fija uno de los objetivos de la quiniela que llega hasta nuestros días: su aportación social. Así, nace el Patronato como organismo estatal autónomo para centralizar la realización de apuestas y generar beneficios, aportando un 45% de las ventas para la Beneficencia Pública, otro 45% para premios y el 10% restante para los gastos administrativos y de gestión de las quinielas.
El Patronato de Apuestas Mutuas Deportivas Benéficas (PAMDB), sería entonces el órgano creado para la administración, recaudación, establecimiento de apuestas y pago de premios. Su sede administrativa estaba en la 5ª planta del Círculo de Bellas Artes y los escrutinios y la Delegación de Madrid, en los sótanos del número 10 de la calle Arlabán. Las Delegaciones Provinciales, encargadas también de gestionar el Patronato, se inician mediante cursos recibidos en la Delegación de Madrid. Inicialmente fueron 8 las delegaciones piloto (Barcelona, Bilbao, La Coruña, Madrid, San Sebastián, Sevilla, Valencia y Vigo), pero dos años después ya eran 50.
La gestión material se encomienda a las Administraciones de Loterías y Expendedurías de Tabaco, encargadas de la expedición de boletos y el pago de premios. El boleto se entregaba previo pago de su importe, 2 pesetas, y una vez pronosticado debía depositarse en buzones instalados para ello en los establecimientos.
El primer millonario de la Quiniela fue un funcionario de Cáceres, que ganó su premio en 1952.
Durante los 15 primeros años de La Quiniela, la beneficencia fue el principal receptor de los fondos obtenidos a través de las apuestas. A través de esta partida se ayudó en la puesta en marcha de equipamientos tan emblemáticos como el Hospital Gregorio Marañón o la Ciudad de los Ancianos. Según fueron avanzando los años, los beneficios de este juego se fueron repartiendo en función de las nuevas necesidades. No fue hasta la década de los 50 cuando los Organismos Deportivos empezaron a recibir una parte de los fondos obtenidos a través de La Quiniela. Las necesidades de los clubes de fútbol fueron contempladas en la década de los 80, tal y como lo son en la actualidad. También eventos puntuales como la financiación del Mundial de fútbol de 1982, los Juegos Olímpicos de 1992 o el Plan ADO, se nutrieron de La Quiniela.
El Real Decreto del 20 de febrero del 98 establece los porcentajes actuales, especificando que la Liga Profesional de Fútbol recibirá un 10%, el Consejo Superior de Deportes un 1%, y un 10,98% las Comunidades Autónomas para destinar a la promoción de actividades sociales e instalaciones deportivas. Los beneficios tienen por tanto un destino finalista en un gran porcentaje que es el de promocionar actividades deportivas en todo el territorio .
El primer boleto de la Quiniela correspondió a la jornada del 22 de septiembre de 1946, y estaba compuesto por 7 partidos:
Athletic Bilbao - Espanyol 4-1
R. Murcia - Castellón 2-0
R. Oviedo - Real Madrid 0-0
Atlético Aviación - Sporting Gijón 2-2
Valencia - Sabadell 1-0
Barcelona - R. Celta de Vigo 1-1
Deportivo Coruña - Sevilla 0-0
Costó 2 pesetas, y los boletos jugados en esa primera jornada fueron 38.530, con una facturación de 77.060 pesetas. Se premiaban las 4 categorías con mayor número de partidos acertados, ya fuera el resultado exacto o con mayor aproximación. Aparecieron 62 boletos premiados, dos de la primera categoría, que cobraron 9.603 pesetas cada uno, uno de segunda categoría, que cobró 7.202 pesetas, uno de tercera categoría, que cobró 4.801 pesetas, y 58 de cuarta categoría, que se llevaron 59 pesetas y 75 céntimos.