zona extra 2
Portada > Actualidad > El Gordo del 2008: ‘bonito’, perezoso y muy repartido

El Gordo del 2008: ‘bonito’, perezoso y muy repartido

La preparación del Sorteo de Navidad siempre comienza el día después. No, no es una contradicción, porque los preparativos para la gran cita abarcan todo el año. Durante el invierno hay que examinar y recolocar las bolas de la suerte; en primavera, se imprimen los primeros billetes en la Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre; en verano se pone a la venta la lotería y en otoño se presenta la campaña de Navidad, los niños de San Ildefonso ensayan sus cánticos y se comprueba el funcionamiento de los bombos. Todo esto transcurre hasta la víspera del 22 de diciembre, el día señalado para repartir la mayor ilusión del año.

400 periodistas cubrieron el pasado Sorteo de Navidad.

Las unidades móviles de las televisiones, frente al edificio de Guzmán el Bueno.

El día 21, poco después de las siete de la tarde, los claveros cierran el recinto.

Instantes previos al sorteo, introducción de las bolas en la tolva.

Como cada año, el público solicita ver las bolas con sus números minutos antes del sorteo.

Decenas de cámaras grabaron el Sorteo de Navidad.

Rosmaris Valenzuela y Tamara Muñoz cantaron el segundo premio.

Los niños de la séptima tabla se sentían orgullosos por haber cantado el Gordo.

Gonzalo Fernández, Director General de LAE, durante una entrevista para Televisión Española.

La titular de la Administración nº 1 de Torrevieja, Conchita Martínez Castell, celebra el primer premio repartido en su local.

El Gordo del 2008 se hizo esperar y no quiso aparecer hasta la séptima tabla. A las doce casi en punto del mediodía los niños Brandon Cabrera y Vanesa Sánchez cantaban el número 32.365, premiado con tres millones de euros a la serie o, dicho de otra forma, con 300.000 euros al décimo. El público, los periodistas y el personal de LAE vivieron una mañana de gran expectación, salpicada con multitud de anécdotas y emociones.

El Salón de Sorteos se abrió a las siete de la mañana, hora en que comenzaron a llegar los primeros periodistas acreditados. El día anterior se habían ultimado los preparativos del sorteo: se ajustaron las luces de los focos, se comprobó el sonido y las televisiones dejaron instalados sus equipos para el día siguiente. Y, por supuesto, se procedió a la tradicional cuelga de las 85.000 bolas de números y 1.787 de premios, colocadas en las liras, que se dejaron colgadas en dos paraguas situados a la izquierda del escenario, al lado de la mesa presidencial. Los bombos se probaron por última vez y, minutos después de las siete de la tarde, tres claveros cerraron, cada uno con su llave, la puerta del salón. Juan Antonio Cabrejas, Director de Gestión y Producción; Ángel López Hurtado, Jefe de Servicio de Coordinación de Sorteos y Ramón Lozano, Jefe de Servicio de Ordenación Normativa, se encargaron de sellar el recinto. Por la noche, las tres llaves quedaron custodiadas en una caja fuerte.

El gran día

Y llegó, por fin, el 22 de diciembre. A las 7:30 de la mañana, el vestíbulo del edificio de Guzmán el Bueno ya era un hervidero de gente. De repente, una pareja de ángeles hacía su aparición. Eran Mari y Lis, que llegaban desde Benidorm enfundadas en túnicas blancas, alitas y aureolas. Lis había decidido este año cambiar su disfraz de bruja por otro más cándido, ya que el año anterior la escoba, la nariz postiza y las verrugas no le trajeron mucha suerte.

400 periodistas –la mayoría españoles, pero también de medios de varios países europeos, latinoamericanos y hasta coreanos– se saludaban, se colocaban en sus puestos y realizaban las primeras entrevistas a los responsables de LAE y al público. Los que acudieron a la cita disfrazados hacían las delicias de los redactores de los distintos medios, ansiosos por recopilar anécdotas.

La emoción del sorteo

Aproximadamente a las 8:30 de la mañana comenzó la actividad en el escenario. Los técnicos de LAE empezaron a descolgar por orden las liras que contenían todos los números desde el 00.000 hasta el 84.999. Como manda la tradición –ya centenaria– algunas personas del público solicitaron ver los números en los que habían depositado su suerte. Una vez satisfechas todas las peticiones, las bolas se volcaron en un gran recipiente cóncavo (la tolva) que colgaba del techo y que poco después se elevó por medio de una grúa.

Instantes después, la tolva ya estaba colocada sobre el gran bombo y las bolas empezaron a caer entre los barrotes dorados. Los cámaras de televisión aprovecharon el momento para colocarse en los pasillos del salón y grabar sus entradillas con la imagen de fondo. “Las bolas parecen palomitas”, comentaba una reportera a su interlocutor radiofónico. El público aplaudía y, fascinado, no podía apartar la vista del escenario.

Después, los 36 niños de San Ildefonso aparecieron en un extremo de la tarima, se colocaron en fila de cara al público y saludaron. Aproximadamente la mitad de ellos eran españoles, y el resto procedían de diversas naciones: Ecuador, Bolivia, Colombia, Venezuela, Marruecos, Bielorrusia y Senegal. Los cuatro que intervenían en la primera tabla ocuparon sus puestos en el escenario. Aunque el sorteo había comenzado con un poco de retraso, todo parecía que iba a transcurrir muy rápido, ya que a los cinco minutos se cantó el tercer premio que correspondió al número 80.076. Esto ocurría a las 9:20 de la mañana.

Los asistentes comprobaban sus décimos, expectantes e ilusionados. Pero había algunos entre el público más emocionados que otros. Eran los familiares de los niños cantores, que contemplaban encandilados a los pequeños protagonistas con un brillo especial en la mirada. Allí estaba Gilda, la madre de Alejandra Alvés, la niña más pequeña del grupo y la encargada de extraer las bolas en la segunda tabla. Según palabras de su madre, la pequeña, de ocho años, no estaba nerviosa aunque sí muy emocionada.

Pilar Osorio tampoco se perdía detalle, porque durante la segunda y la cuarta tabla sus hijas Lucía, de once años, y María, de trece, se encargaron de entonar los números premiados. “Estoy muy orgullosa de todos mis hijos. Con ellos ya me ha tocado la lotería”, aseguraba Pilar, satisfecha.

De repente, poco después de las once, se cantó el segundo premio, el 78.400. Instantes después un hombre del público gritaba “lo tengo” y todos los periodistas corrieron hacia él, rodeándole. Pero al final, todo resultó ser una falsa alarma. Como el décimo no era el premiado, sino el 76.400, el espontáneo recuperó inmediatamente su anonimato. Los nervios –o quizá una pizca de afán de protagonismo– le habían traicionado delante de todos.

Era casi mediodía. Había llegado el turno de la séptima tabla y todavía los niños no habían cantado el Gordo. ¡Cuántos nervios todavía! Pero cuando Vanesa cantó el “treinta y dos mil trescientos sesenta y cincooo”, su compañero, Brandon, abrió bien los ojos y todos supimos que allí estaba el Gordo, que aparecía un minuto antes de las doce en punto. Llegaba perezoso, pero “bonito” y acabado en un número muy deseado, el cinco, una terminación que ya se ha repetido 32 veces en la historia de este sorteo.

Vanesa Sánchez y Brandon Cabrera estaban muy satisfechos, pero un poco aturdidos. Para ella era su último sorteo y para él, su debut. Diego Sánchez e Ingrid Tapia, que habían permanecido en la retaguardia sacando las bolas, también se mostraban algo cohibidos por la marea de atenciones y preguntas que recibían de repente. Todos confesaron haber sentido “nervios y mucha alegría” y que “no se lo esperaban”. Tampoco fueron los únicos: la madre de Brandon, de República Dominicana, no pudo contenerse y se puso a llorar de la emoción. Y no era para menos: durante varios días, los rostros de estos chicos iban a aparecer en las noticias de todos los medios de comunicación del país.

Premios y premiados

El Gordo de la Lotería de Navidad correspondió este año al 32.365, un número vendido en varias administraciones de las provincias de Barcelona, Madrid, Alicante, Soria, Zaragoza, Jaén, Orense y en Guipúzcoa.

La mayor parte de el Gordo se repartió, no obstante, en la Administración nº 35 de Barcelona, situada en Las Ramblas, y en la número 1 de Sant Quirze del Vallés, que juntas vendieron 120 series de este número y repartieron 360 millones de euros. Para Isabel Moliner, la titular de la primera, la alegría ha sido seguramente doble, ya que varios clientes de su establecimiento estaban abonados a este número desde hace años.

El segundo premio fue vendido en Madrid, en la Administración nº 64 ubicada en un centro comercial del barrio de Villaverde. Los trabajadores de la editorial holandesa Wolters Kluwer, con sede en la localidad madrileña de Las Rozas, fueron los principales beneficiarios de este premio que correspondió al número 78.400.

Y el tercer premio, el más madrugador del sorteo, se quedó en Soria. La Administración nº 2 de la capital vendió íntegramente las 195 series del número 80.076 a los clientes del restaurante “Gari”. La titular del establecimiento, María Celia Domínguez, que también había comprado algunos décimos del número agraciado, aseguró que “el premio se había repartido por todo el barrio”.

Las ventas cumplen las previsiones

Según datos provisionales del 21 de diciembre, las ventas del Sorteo de Navidad superaron este año los 2.787 millones de euros, un 2,79% menos que el 2007. Según explicó el Director General de LAE, Gonzalo Fernández, “las ventas de este sorteo han descendido un poco, pero aun así, hemos estado cerca de nuestras previsiones”.

Madrid fue, un año más, la Comunidad líder en ventas de este sorteo, con más de 461 millones, seguida de Cataluña (460) y la Comunidad Valenciana (348). Pese a las cifras generales, en varias provincias aumentó la participación, como en Soria, una de las más afortunadas con el sorteo de este año.

Gonzalo Fernández aseguró que los días previos al 22 de diciembre se vivieron en LAE “con gran responsabilidad y mucho trabajo, ya que el Sorteo de Navidad constituye un referente por su repercusión social y mediática”. En relación a la situación del mercado actual, cada vez más competitivo, añadió que “hay que estar preparados y dispuestos para afrontar los nuevos retos que se están produciendo en el sector del juego”.

También recordó que “los juegos de LAE tocan dos veces”: por un lado, en premios, y por otro, a través de las transferencias que realiza anualmente la Entidad a los Presupuestos Generales del Estado, donde los beneficios obtenidos se destinan a planes de educación, infraestructuras, etc.

Asimismo consideró que la campaña de publicidad del Sorteo de Navidad había tenido muy buena acogida por el público, y declaró que tanto el lema “Anímate” como el spot en general captaron muy bien el mensaje que Loterías quería transmitir este año a la sociedad.