
José Luis muestra una especial empatía con las yeguas
Como notan que andamos un poco despistados, nos advierten de que debemos atravesar la pista con cautela, ya que los caballos pueden asustarse ante cualquier movimiento inesperado, lo que podría ocasionarles una caída. Aprovechamos el momento en que el terreno está despejado y lo atravesamos corriendo hasta llegar al otro lado de la barrera. Nuestras suelas pisan una arena que, según nos cuentan, está mezclada con una fibra especial que impide que la tierra se hiele o se embarre. Un suelo muy seguro que protege las articulaciones de los caballos, pero que también ralentiza su ritmo de carrera.
El entrenamiento ha terminado. Todos los caballos –y sus respectivos jinetes– dan vueltas en círculo para que los animales se tonifiquen y enfríen después del gran esfuerzo que han realizado. José Luis nos avisa de que los caballos ahora se dirigen a los boxes: ha llegado la hora del aseo de estos atletas tan especiales. Le acompañamos a su cuadra y en el patio presenciamos todo el ritual de atenciones que recibe el ejemplar que ha estado montando: una larga ducha con una manguera y después, un cuidadoso cepillado. Es una magnífica yegua alazana, su lomo brilla al sol y se muestra muy tranquila. Mientras, de los boxes van entrando y saliendo cuidadores, mozos de cuadra, entrenadores... y todos parecen muy animados: intercambian anécdotas de caballos y comentan alguna carrera reciente en la que se ha vivido alguna llegada emocionante.
Una cuadra es como una pequeña empresa y en ella, el proceso de aprendizaje sigue los mecanismos de una estructura gremial. Cualquier jockey, antes de llegar a serlo, tiene que superar primero varias etapas: al principio, a todo aprendiz le corresponde alimentar, limpiar, herrar y preparar las “camas” –así se denomina la paja o el serrín que cubre el suelo de una caballeriza– de los ejemplares que tiene a su cargo. Poco a poco, cada aprendiz comienza a montar y, si muestra aptitudes, podrá competir profesionalmente siguiendo las directrices de un buen entrenador. José Luis debutó en La Zarzuela hace 22 años: disputó su primera carrera el día de La Hispanidad, a lomos de una yegua apodada Villaviciosa. “Una cosa es montar bien, pero otra es ponerse ante el público y soportar la presión que existe en una competición de alto nivel”, asegura.
Después de tantas carreras y éxitos, la tensión que los jóvenes jinetes sienten al principio va apaciguándose, pero se adquiere un grado más importante y valioso: la experiencia y, con ella, la estrategia. Un buen jockey no sólo debe conocer bien a su caballo: también debe valorar sus posibilidades y las características de sus rivales. Las intrucciones del preparador son importantes, pero en los segundos decisivos de la carrera le corresponde al jinete tomar las decisiones. A veces, es preferible marcar un fuerte galope desde la línea de salida hasta la meta, correr la carrera “en punta”, al máximo rendimiento. Otras, conviene administrar con paciencia las fuerzas del caballo, mantenerse en buena posición en el pelotón e intentar vencer en un sprint final. “Un buen jockey improvisa y acierta; gana carreras con el caballo que tiene posibilidades, no con el favorito”, asegura José Luis. No resulta fácil pensar con claridad a lomos de un animal que llega a alcanzar los 65 kilómetros por hora.
Una carrera de caballos sigue siempre el mismo protocolo. Antes de la competición, las cabalgaduras se ensillan y se exhiben en el paddock, una pequeña área circular próxima a la pista. Allí, los aficionados tienen la oportunidad de examinar a los competidores, una información muy valiosa para decidir sus apuestas. Después, jockey y caballo se dirigen hacia el compartimento correspondiente y esperan a que los cajones se abran para emprender la carrera al galope. El público, en las gradas, se entrega. Animan a su caballo favorito, increpan al jockey, le piden que apriete, silban, aplauden y... en menos de dos minutos todo ha terminado. Tanto en la pista como en las tribunas, unos han ganado y otros han perdido. Los más enterados, como es lógico, aciertan con mayor frecuencia porque conocen los favoritos, saben evaluar su forma física, estudian el terreno (arena o hierba), el peso, las distancias... y las combinaciones de todos esos factores.
Los condicionantes a tener en cuenta son muchos: hay caballos que registran sus mejores marcas en distancias más cortas o largas, otros prefieren el green, los hay más areneros, y de éstos algunos prefieren el suelo de Madrid al de Lasarte, por ejemplo. Y luego, por supuesto, se evalúa la dirección del jockey. “Igual que agradezco las felicitaciones, también encajo bien las críticas porque, salvo en contadas ocasiones, suelen tener razón”. José Luis recuerda, entre risas, una de estas excepciones: “En Italia, un propietario siempre me preguntaba, cuando montaba a uno de sus caballos en Siena, por qué no aprovechaba el hueco que se abría tras la curva, la ‘bucca’ como ellos lo llaman. Como insistía tanto, un día me harté y le contesté que aquello era imposible, porque ‘el hueco’ corría más que su caballo. Yo le forzaba al máximo, pero el animal no daba más de sí”.
José Luis Martínez ya se había convertido en un gran jockey cuando se cerró el hipódromo madrileño en 1996. Fue alumno privilegiado de un gran maestro, Claudio Carudel, pero como tantos otros, tuvo que continuar su carrera fuera de nuestro país. Tras competir varios meses en Inglaterra se estableció en Italia, donde permaneció cuatro años y ganó 150 carreras, la mayoría en los hipódromos de Pisa y Milán. Luego firmó un contrato en España, montó en Lasarte y siguió disputando trofeos en pistas italianas.
Poco antes de la reapertura de La Zarzuela, José Luis regresó definitivamente y logró colocarse entre los mejores jinetes de nuestro país, manteniéndose en la cima de la estadística durante varios años. En 2007, por ejemplo, vivió una gran racha compartiendo los triunfos de su cabalgadura, Trip to the Moon, un animal excepcional que fue nombrado caballo del año en España. Con su yegua compitió también en Alemania y en Turquía, donde un tercer puesto le reportó a su propietario una recompensa de 120.000 euros. Sumados tantos triunfos, el dueño empezó a recibir ofertas para retirarla de la competición y reservarla para yegua madre de nuevos ejemplares. Trip to the Moon había costado 36.000 euros en su día y logró venderse por 240.000 gracias a su espectacular recorrido. Una buena inversión, sin duda.
“Después de tanto tiempo, no puedes enamorarte de todos los caballos que montas, porque los buenos duran dos o tres años y luego los retiran como sementales o yeguas madre”, aclara José Luis. Aun así, él guarda un especial recuerdo de Madrileño, un ejemplar con el que cosechó sus primeros éxitos entre 1994 y 1996. Ahora, la Yeguada Cortiñal le ofrece constantemente la posibilidad de montar algunos de los veinte ejemplares que posee; José Luis se siente agradecido por esta confianza ya que todavía está recuperándose de una grave caída que sufrió hace varios meses. “Sigo porque tengo cabeza de jockey, soy luchador y tengo ilusión, pero en estos momentos busco la calidad, no la cantidad. Ahora no voy a montar seis carreras en cada jornada”, asegura. Ahora, José Luis y todos los miembros de la Yeguada Cortiñal tienen puestas sus esperanzas en Osado y Centrino, dos caballos “con mejora” que ya han ganado varias competiciones y muestran todavía potencial para evolucionar mucho más.
José Luis se despide. Tiene que acudir, como cada mañana después del entrenamiento, a sus sesiones de rehabilitación, ensayar y corregir posturas para que su espalda no se resienta durante los entrenamientos. Ahora él está pensando en las dos carreras que disputa esta noche y después, se concentrará en las del domingo. El gran reto de este otoño le espera con el Memorial Duque de Toledo, la prueba más importante de la temporada.
Por la noche, viendo las carreras en televisión, queremos pensar que le hemos dado un poco de suerte. En la tercera jornada nocturna de La Zarzuela, José Luis participó en dos carreras y ganó ambas a lomos de Centrino y Camuray. Especialmente emocionante resultó el triunfo de Centrino, en la que jinete y cabalgadura tuvieron que pelear cada segundo frente al tozudo Enmascarado. El domingo siguiente, nuestro protagonista venció de nuevo en la carrera preparatoria de La Hispanidad con Pelotazo y ahora... ¡A por más triunfos, que estamos en racha!