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El Hipódromo de La Zarzuela, motor del turf español

El Hipódromo de La Zarzuela está de aniversario. Recientemente se han cumplido tres años desde su reapertura, que tuvo lugar en octubre de 2005. El recinto principal del turf español había permanecido nueve años cerrado y los responsables de ponerlo de nuevo en funcionamiento se enfrentaron a dos desafíos fundamentales: ofrecer cuanto antes un programa de carreras y recuperar el sector hípico español, gravemente herido tras haberse parado su principal motor durante casi una década.

Gregorio Máñez, Presidente del Hipódromo de La Zarzuela.

Las marquesinas onduladas de Eduardo Torroja se han restaurado recientemente.

Gregorio Máñez, Presidente del hipódromo, recuerda cómo fueron aquellas primeras semanas: “La nueva apertura se hizo con instalaciones provisionales, ya que no era posible utilizar las definitivas al estar pendientes las autorizaciones reglamentarias para abordar la rehabilitación de muchos edificios considerados monumentos”.

El recinto del hipódromo se encuentra con la protección de un BIC (Bien de Interés Cultural), por lo que era necesario redactar un Plan Director que definiera todas las actividades a desarrollar, los edificios que tenían que derribarse y los que había que construir, teniendo en cuenta que todas las obras debían transcurrir paralelas a la actividad normal del hipódromo, ya que el calendario de carreras nunca puede interrumpirse. “Hoy podemos observar, por ejemplo, que las famosas marquesinas de Torroja, que estaban muy deterioradas, gozan de buena salud al haberse terminado su restauración”, añadió Máñez.

El citado Plan Director ha sido ya aprobado por las autoridades que tutelan el Patrimonio Histórico, lo que permitirá desarrollar diversas actividades relacionadas con el Centro de Entrenamiento y Carreras, un espacio que, tras los trabajos de reforma, cuenta ya con tres pistas de entrenamiento completamente acondicionadas: la conocida como pista de El Monte y otras dos situadas en el anillo central. Además, con vista a la posible celebración de los Juegos Olímpicos de 2016 en la capital, se han reservado alrededor de 25 hectáreas de la finca para las pruebas hípicas. “Si Madrid organizara los Juegos, el Hipódromo de La Zarzuela se convertiría en la verdadera ciudad del caballo”.

Décadas de historia

Las obras de construcción del Hipódromo de La Zarzuela comenzaron en 1935, pero se interrumpieron en julio de 1936 por el comienzo de la Guerra Civil. Tras la contienda se realizaron los primeros trabajos de reconstrucción, ya que el conjunto había quedado reducido a un montón de ruinas.

El hipódromo abrió por primera vez sus puertas en mayo de 1941, sustituyendo al antiguo de La Castellana ubicado en el espacio que hoy ocupan los Nuevos Ministerios. El concurso fue adjudicado al proyecto firmado por los arquitectos Arniches y Domínguez y al ingeniero Eduardo Torroja, que diseñó la primera tribuna volada sin columnas en España, una obra declarada Monumento Histórico Artístico y por la que Torroja consiguió el Premio Nacional de Arquitectura.

Durante las dos décadas siguientes, la actividad de La Zarzuela fue evolucionando debido, en gran parte, al avance económico del país. Entre otras iniciativas, se aumentó progresivamente el número de carreras, se emprendieron nuevas obras de mejora y se instauró el Gran Premio de Madrid, un galardón de referencia en el turf español.

A principios de los 80 se puso en funcionamiento la Quiniela Hípica (QH), la primera apuesta nacional externa en la historia del turf español. Las buenas recaudaciones, que alcanzaron la cifra de 5.000 millones de pesetas en la temporada de 1984, hicieron crecer el sector hípico y el número de propietarios aumentó progresivamente hasta alcanzar la cifra récord de 1.000 caballos en entrenamiento en 1988, año en el que también se inauguraron las temporadas veraniegas de carreras nocturnas. En 1991 terminó el recorrido de la QH, tras un periodo de decadencia debido a los fuertes descensos en las ventas.

En 1992, Patrimonio Nacional cedió la explotación del Hipódromo de La Zarzuela a la empresa Hipódromo de Madrid, S.A. que, en noviembre de 1996, celebró la última carrera de caballos en la pista madrileña.

La recuperación del turf español

La iniciativa de reabrir el hipódromo surgió en 1999, a consecuencia de una proposición no de ley realizada por los tres partidos de ámbito nacional en el Parlamento. Después de su aprobación, se constituyó una sociedad gestora que recibió la concesión en 2003 por parte de Patrimonio Nacional, entidad propietaria de la finca. Actualmente, el hipódromo cuenta con dos instituciones públicas: SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales), que posee el 95,78% de las acciones y Loterías y Apuestas del Estado con el 4,22%.

“Siempre, tanto desde SEPI como desde LAE, se ha considerado que la apertura de La Zarzuela no sólo debía servir para cumplir un mandato parlamentario, sino para la consolidación de un sector económico en España. En otros países de nuestro entorno la hípica aporta hasta un 2% del PIB. Es una actividad que crea mucho empleo, fundamentalmente en el sector primario de la economía –agricultura y ganadería– y en servicios. Cada caballo en entrenamiento genera entre cinco y siete puestos de trabajo según los parámetros internacionales”, subrayó Máñez.

Tras varios meses de agitados preparativos, el 23 de octubre de 2005 el hipódromo reanudó su actividad. “La razón de tanta premura se debió a la necesidad de impulsar un sector, el de las carreras de caballos, que estaba muriéndose en España al llevar mucho tiempo cerrado el buque insignia de nuestro turf”, aseguró el Presidente.

Por primera vez en la historia, en 2006 se establecieron acuerdos con los hipódromos que habían permanecido abiertos (Lasarte, Dos Hermanas y Mijas) para ofrecer un calendario de carreras que abarcase todo el año, lo que serviría de base para la apuesta externa, materializada en las modalidades de Lototurf y Quíntuple Plus, comercializadas por LAE. “Así, se cambió de una tendencia decreciente en todos los parámetros del turf, como el número de carreras, la cifra de caballos en entrenamiento, potros nacidos y criados en España... a otra altamente creciente que ha llegado al momento actual. Sin duda el punto de inflexión de esta tendencia fue la reapertura de La Zarzuela”. En estos momentos hay alojados en el recinto madrileño más de 800 caballos, lo que constituye un lleno absoluto, aunque se prevé aumentar esta capacidad a 1.300 cuando estén terminadas las nuevas instalaciones.

Según resume Gregorio Máñez, el desarrollo del turf en España debe apoyarse en tres sólidas columnas: hipódromos, apuestas hípicas y cría caballar. “Si falta alguno de estos elementos fracasaremos en nuestro intento de consolidar este sector económico”. El empeño, por todas las partes implicadas, no ha disminuido: desde 2007 la oferta de jornadas ha ido en aumento para dar cabida a todos los caballos en entrenamiento, lo que ha permitido también ofrecer más cantidad de apuestas. Sin embargo la situación, aunque en clara evolución, todavía dista mucho de parecerse a la de aquellos países que cuentan con un turf desarrollado, en los que se disputan carreras todos los días del año.

La Apuesta Hípica, fundamental para el sector

Crear un nuevo sector económico supone una tarea compleja y de largo recorrido, en la que resulta imprescindible la colaboración de todos: empresas, propietarios de caballos, profesionales del sector y por supuesto, las autoridades locales, autonómicas y nacionales. Y también hay que tener en cuenta otro factor no menos importante: lograr que los medios de comunicación ofrezcan una cobertura lo más amplia posible de las carreras de caballos para ampliar la base social de aficionados y apostantes.

“La magnífica Red de Ventas de LAE puede aportar mucho en este afán. En este sentido, considero que no debe despreciarse la aportación de la Apuesta Hípica que, aunque hoy sea pequeña, en el futuro puede ser prometedora. Basta con pensar que las apuestas hípicas francesas venden alrededor de 9.000 millones de euros, más que el resto de los juegos. Por tanto, todos debemos esforzarnos para impulsarlas, ya que existe un nicho de mercado muy sugestivo como lo demuestra la dimensión adquirida en otros países; el nuestro no debería ser la excepción”, añadió Máñez.

Para los próximos años Gregorio Máñez y su equipo se han fijado varios objetivos: seguir trabajando en la rehabilitación de los monumentos del recinto y obtener la rentabilidad necesaria para su pervivencia futura, para lo cual resulta imprescindible la colaboración con LAE, ya que la consolidación del turf depende, en gran parte, de las apuestas. “Sería magnífico que en unos años pudiéramos afirmar que hemos creado un nuevo sector económico en España equiparable a otros países. La tarea no es fácil, pero en este empeño quien más puede aportar es LAE y su Red de Ventas”, concluyó el Presidente.

Claudio Carudel, la experiencia de un triunfador

Claudio Carudel es el jinete más reconocido de la historia del turf español. Nació y se crió en la ciudad de Chantilly, un importante centro de entrenamiento hípico en Francia, por lo que ya desde niño estuvo rodeado de caballos. Su afición también le venía de familia: su padre fue preparador, un tío suyo montaba, otro familiar había sido jinete profesional...  

Tal como él cuenta, en Francia fue un aprendiz discreto, pero ya llevaba 36 victorias a sus espaldas cuando le ofrecieron competir en España en el Gran Premio de Madrid de 1957. Aunque no consiguió el triunfo en esta carrera y su yegua quedó en quinto lugar, los preparadores se mostraron satisfechos y le ofrecieron disputar otra prueba crucial del hipódromo madrileño: el Memorial Duque de Toledo, trofeo que en esta ocasión sí ganó. “Vine a España pensando en que podía quedarme un año o dos pero al final, resultó ser para toda la vida. Una vida llena de éxitos: he logrado casi 1.500 victorias y sobre todo, he tenido la suerte de vivir de mi hobby”.  

No deja de ser curioso que un jinete como Carudel, procedente de un país con un turf en pleno desarrollo, encontrara el éxito precisamente en la nación vecina. Más tarde, cuando ya había recogido varios triunfos en España, le ofrecieron un buen contrato para establecerse en Francia, pero él decidió seguir compitiendo en nuestro país, un lugar donde ya había encontrado su sitio y formado una familia.  

Claudio ha tenido una vida profesional muy intensa, de la que recuerda muchos momentos: las victorias, las cuadras que le contrataron y los caballos que ha montado a lo largo de más de 30 años, entre los que ocupa un lugar especial Chacal, un animal legendario que a principios de los 70 se midió en trece carreras y venció en doce. Carudel también evoca con gran admiración la pericia de uno de sus mayores contrincantes, el jockey Román Martín: “Fue una rivalidad que nos motivó a ambos a mantener nuestro puesto. En el hipódromo había entre la afición un sector carudelista y otro romanista y, aunque competían otros jinetes muy buenos, la emoción del público se centraba, en muchas ocasiones, en ese duelo”.  

También quedan en la memoria los sacrificios, la tiranía de la báscula –un jockey tiene que vigilar constantemente su peso– y algunas caídas. “He tenido años mejores y peores, pero siempre estuve entre los dos primeros de la estadística durante todo el tiempo que monté en España”. En el turf, los jinetes llaman estadística al ranking de los mejores jockeys.

Claudio se retiró del turf en 1987. Luego, dedicó varios años al entrenamiento de algunos aspirantes hasta que llegó la clausura de La Zarzuela. “Fue una época muy dura, sobre todo para la gente joven. Yo entonces tenía 59 años, mi vida prácticamente resuelta y mi carrera hecha. Pero para los jóvenes fue distinto: muchos tuvieron que marcharse a competir a Francia o a otros países; algunos siguieron montando en el resto de hipódromos españoles. Después de la reapertura, yo pensaba que la afición tardaría más en acudir a las carreras, pero en cuestión de un año, ya había mucho público en las tribunas”.

Al reabrir el hipódromo se creó una escuela de oficios que, durante una primera etapa, también estuvo dirigida por Claudio. Él lo recuerda como una gran experiencia, y apunta que algunos de los alumnos han competido en carreras y otros encontraron un oficio relacionado con la hípica. “Aproximadamente un 80% han seguido vinculados al hipódromo”, añadió.  

Y en cuanto a la evolución del sector... le gustaría que se viviera un fenómeno parecido al experimentado en Francia. “Si en España subieran las ventas de la apuesta externa, el turf podría consolidarse: los hipódromos podrían ofrecer premios más cuantiosos, la gente invertiría más en caballos, podrían despegar otros recintos, como el de Orense... Todo está relacionado”.  

La historia del turf español no se entiende sin el recorrido de este gran profesional, jinete, entrenador y asesor de excepción en esta nueva carrera que ha emprendido La Zarzuela. Como homenaje, el hipódromo madrileño organiza cada primavera una gran prueba hípica que lleva su nombre: el Gran Premio Claudio Carudel.