Hay momentos en la vida de las organizaciones en los que adquieren un valor especial elementos que a menudo pasan desapercibidos, a los que no prestamos atención, elementos como la marca, que permite identificarnos en pocas letras o en un simple símbolo con toda una trayectoria, sentir con orgullo toda la carga de compromiso que representa para con uno mismo, para con nuestra familia, para con nuestro pasado y para con los demás.
No es el momento de caer en la autocomplacencia, ni de abundar en la satisfacción corporativa que debéis sentir todos aquéllos que formáis parte de la historia de LAE. No es siquiera hora de enfatizar la validez de sus atributos, pero sí de ser conscientes de que éstos contribuyen a identificarnos con esos valores que le son y que nos son propios.
La historia de Loterías y Apuestas del Estado nos llega cargada de éxitos inigualables, cambios estratégicos y capacidades de adaptación indiscutibles. En resumen, señas de identidad para sentirse orgulloso de formar parte de una entidad líder en su sector cuya capacidad de iniciativa, la fortaleza de su organización y la eficiencia de su red de ventas permiten abordar el futuro sin un ápice de duda sobre cómo hacerlo, cuál es el momento oportuno, y con quiénes.
El sector del juego está en un punto de ebullición que ya alcanza el nivel de lo noticiable y, en consecuencia, es en este nivel en el que suelen aparecer posicionamientos, estrategias, ambiciones lícitas y otras no tanto. Todo ello alimenta, no la confusión, como quiere anunciarse, sino la vitalidad de un cambio que, además de necesario, es conveniente.
Es éste el momento en que se escuchan ya los ruidos propios de la ebullición, burbujas de aire caliente que pretenden tomar cuerpo sobre la buena intención de unos o la intencionalidad de otros, toda una fauna diversa de agoreros, charlatanes de feria, especuladores y caza fortunas, en suma, aventureros que lanzan cantos de sirena bajo la forma de ofertas que persiguen, ante todo, su interés personal.
Por eso es conveniente, precisamente en este momento, recordar cuál es la constante LAE respecto de su organización, y de su firme voluntad respecto del futuro. Como ya conocemos cuantas personas participamos en la vida de Loterías y Apuestas del Estado, nuestro pasado se ha basado, como el futuro se ha de basar, en la cooperación, en la sintonía de intereses y en la construcción conjunta de una red de servicios cada vez más eficiente.
Sobre esa línea recta del horizonte en la que estamos trabajando se intentan situar, como parte de un paisaje particular, personas y organizaciones que bien desde la más atrevida ignorancia, bien desde la interesada manipulación, anuncian catástrofes mientras ofrecen servicios y anuncian la desaparición de cuanto existió, eso sí, proponiendo nuevos sistemas de gestión.
El futuro no es una incógnita en Loterías y Apuestas del Estado, ni debe serlo para quienes forman y quieran seguir formando parte de esta organización. La cuestión será seguir optando por la línea de un horizonte claro y seguro de colaboración, el que la historia y el futuro nos demanda como LAE, o bien abordarlo desde el enfrentamiento a lomos del ruido provocado por oportunistas e instrumentos desafinados.
Y ésa es, en síntesis, la elección.